Como todos los seres humanos tienen envidia, de unas cosas más que de otras, las personas, si se pueden llamar así, de mi barrio, también le tenían envidia a mi moto…
¿Por qué si no, se iban a molestar en estropearla?
Si, puede que existan mil motivos, incluso sin motivación alguna, pero prefiero pensar que esos engendros de la naturaleza tenían algún motivo para hacer lo que le hicieron a la moto, y lo que me llevó a instalarle una alarma de movimiento.
Como se ve en la foto, le empezaron a arrancar flecos de cuero, a los pocos días no quedaba ni rastro del cuero… Recuerdo como después de sonar la alarma en algunas ocasiones salia corriendo detrás de los desgraciados que se divertían destruyendo la propiedad ajena.
Bajo los flecos se podían apreciar los fantásticos puños que aun conserva la moto, y que proporcionan una comodidad increíble a la hora de manejarla.
Aquí se aprecia en más detalle el águila, la visera del faro y demás.
Finalmente la visera del faro se la tuve que quitar al pasarle la primera ITV, según esos necios, podía cortar a alguien si le atropellaba… lo que hubiera dado yo por atropellar a uno de esos capullos que se divertían tocando lo ajeno…
Lo mismo me dijeron con el águila, pero bueno, eso es fácil de poner y quitar, así que se lo quité para pasar la ITV, y acto seguido estaba puesto de nuevo… ¡Dos agujeros en el guarda barros es inaceptable!
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